LA ENTRADA DEL MUELLE Y EL CASTILLO DE SAN CRISTÓBAL


La única entrada a Santa Cruz para los que llegaban por primera vez a la isla resultaba en extremo pintoresca. El muelle era pequeñito, -ya que sólo llegaba a donde hoy empieza a perfilarse el espigón de la nueva dársena comercial- , y en él había algunas instalaciones notables. Una de ellas, la marquesina, y otra, el "pescante". Que era una especie de grúa pequeña, montada sobre un tambor de la muralla, frente a la marquesina, y que servía para elevar desde las falúas y depositar sobre el muelle los equipajes y cargas menores. Las escaleras de acceso desde el mar al muelle se llamaban "platillos". Los primeros estaban en la misma zona de atraque de las falúas, los segundos un poco más allá. Y era prueba de natación para los bañistas de la "playa de Ruiz" llegar hasta ellos, como luego se verá. También estaban sobre el muelle los Almacenes de Ruiz, de la familia Ruiz Arteaga, sobre la playa de su nombre, de la que acabo de hablar, y enfrente los tinglados del tranvía, para depositar las cargas transportadas por él; la Comandancia de Marina, en un curioso edificio de traza mozárabe, la Pescadería y, a continuación, el Castillo de San Cristóbal, con las construcciones bajas del Cuerpo de Guardia o El Principal, como se le llamaba corrientemente. El Castillo de San Cristóbal era una construcción curiosa, que estuvo en pie hasta el año veintitantos, en que fue derribado para formar, sobre el solar, la actual Plaza de España. Rodeado de muros almenados, peregrinamente pintados de color de rosa, parecía un castillo de juguete. Sin embargo contribuyó eficazmente a la defensa de Santa Cruz, contra la escuadra de Nelson, en julio del año 1797.  El Cuerpo de Guardia o Principal, como se llamaba. Era una construcción prolongada, que daba sobre el muelle, en la que tenía su alojamiento y oficinas el Sargento Mayor de Plaza, como entonces se llamaba al Gobernador Militar. Lo era, a la sazón, un teniente coronel de Infantería, llamado Ángel Toledo, persona muy querida en Santa Cruz, y padre de varias hijas, simpáticas y guapas de verdad, que figuraban destacadamente en la mejor sociedad tinerfeña.

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