MANUSCRITO DE BEETHOVEN

La casa de subastas Sotheby’s de Londres tiene previsto vender un manuscrito musical de la Novena Sinfonía de Beethoven -en realidad, se tiene la tentación de decir el manuscrito musical, dado los pocos documentos de ese tipo disponibles y la importancia del trabajo que se va a subastar.
En tres volúmenes encuadernados de 465 páginas, la oferta incluye la partitura casi completa manuscrita de la sinfonía (dos fragmentos del mismo manuscrito residen en la Beethovenhaus de Bonn, Alemania, y en la Biblioteque Nationale de París).
Está escrito en su mayoría por dos copistas, pero Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena 1827) garabateó correcciones y cambios en todo el documento. Esta partitura pudo haber sido utilizada para la interpretación del estreno en 1824, pero lo que sí es seguro es que fue la base para la primera edición impresa en 1826.
“Es, probablemente, el manuscrito más importante y completo que Beethoven agrupó durante mucho tiempo”, explica Robert S. Winter, especialista en el compositor alemán y en este tipo de documentos. “Es difícil exagerar su importancia”.
En la subasta, programada para el próximo 22 de mayo en Londres, Sotheby’s incluirá en el mismo lote 110 hojas de partituras sin encuadernar de partes individuales de la sinfonía destinadas a los cantantes solistas, coros y trombones. Sotheby’s estima un precio de venta de entre tres y cuatro millones de euros, rivalizando, si es que no lo sobrepasa, con el anterior manuscrito musical mejor pagado de la historia: 4.340.000 euros por nueve sinfonías de Mozart, adquirido en 1987.
Los especialistas en Beethoven sólo esperan que si el manuscrito -que ha permanecido en poder de la editorial Schott Musik International de Mainz, Alemania- es comprado por un particular o una fundación privada, permanezca accesible a los estudiosos. “Los coleccionistas habitualmente no son personas con muchos matices”, señala Robert S. Winter, “o bien hacen accesible lo que poseen, o lo encierran en un armario”.
Maynard Solomon, autor de una aclamada biografía de Beethoven y miembro del consejo de la editorial que está preparando la publicación de las cartas del compositor, describe los impedimentos que pueden surgir. “Es trágico encontrar cartas en manos de propietarios que no permiten su acceso”, comenta. “Se tardarán generaciones antes de que la edición pueda completarse”.
La importancia del manuscrito que va a salir a la venta proviene de la trascendencia fundamental de la Novena Sinfonía en la literatura y mitología de la música clásica occidental.
Una obra vanguardista
La fama de la Novena Sinfonía nació con su estreno y ha perdurado siempre. Se trata de una pieza que en su momento fue muy original y novedosa. Su monumental escala y la introducción de un coro al final influyeron notablemente en dar una nueva forma a la sinfonía: abrió las puertas a interminables posibilidades, exploradas luego por Brahms, Bruckner, Mahler e incluso Wagner, en sus sinfónicamente recargadas óperas.
Beethoven puso música a la Oda a la Alegría, del escritor alemán Friedrich Schiller (1759-1805). Con este pasaje como parte de la Novena, infundió ambición e idealismo, elementos fundamentales de la naciente sensibilidad romántica. La obra, aún atracción principal del repertorio del compositor alemán, se ha convertido en símbolo fructífero en Occidente de llamada a la hermandad internacional exportable a todo el mundo: la oda es el himno europeo, y la sinfonía, tótem en Asia, especialmente en Japón.
El estreno de la obra, el 7 de mayo de 1824, fue todo un hito en la historia de la música, como subraya el libro First Nights: Five Musical Premiers, de Thomas Forrest Kelly (Yale University Press, 2000). La sordera del genio dio pie a dos hechos pintorescos: primero, la obra fue codirigida, con Beethoven marcando los tempos y Michael Umlauf, violinista y compositor, haciendo el resto.
Segundo, en un momento -quizá al final del brillante scherzo, según algunos- Caroline Unger, la solista contralto, tuvo que dirigir la atención del sordo Beethoven hacia el alboroto surgido detrás de él para que el músico alemán pudiera agradecer la ovación.
En varias páginas del manuscrito, Beethoven expresó disgusto con el trabajo de los dos copistas que habían reemplazado a Wenzel Schlemmer después de su muerte. “Du verflucher Kerl” (“maldito estúpido”) escribió una vez, olvidando quizá que el tema de la composición giraba en torno a la fraternidad.
Además de las muchas correcciones con significativas señales de la mano de Beethoven, hay pasajes reescritos en hojas separadas y páginas nuevas enteras cosidas o pegadas con lacre. En total, seis copistas parecen haber tomado parte, además del mismo compositor. Con tantas manos involucradas, y dejando aparte a los grabadores de la primera edición impresa, es difícil saber quién pudo haber derramado la extraña mancha de café que lo cubre (hasta se podría apostar por el propio Beethoven, dado su notorio desaliño).
Robert S. Winter, el experto en manuscritos y bocetos de Beethoven, comenta que a diferencia de los blocs de bocetos, los manuscritos en venta “no contienen el relato de una vida. Pero a pesar de todo, simplemente como documento del trabajo de Beethoven”, añade, “probablemente no hay nada más significativo”.
El precio récord de un manuscrito de Ludwig van Beethoven se estableció el año pasado, cuando Sotheby’s vendió en Londres una página de un esbozo autografiado de la Novena Sinfonía por 1.930.000 euros.