El Juego del Palo Canario.
El juego del palo, una disciplina milenaria mezcla de lucha y esgrima surgida en
el seno de la cultura guanche, o lo que es lo mismo, con los primeros pobladores
de las Islas Canarias.
Los pastores indígenas utilizaban sus bastones, además de para orientar al
ganado y soportar la dura orografía de los caminos, para defenderse de los
peligros que les acechaban; quizás esta práctica también fuese la mejor manera
de prepararse para la guerra. Y es que existen escritos que datan de la época de
la conquista insular, y que narran los cruentos combates que protagonizaron
castellanos contra guanches poniendo en evidencia la maestría que poseían los
lugareños esgrimiendo unos simples palos.
Tras la conquista isleña los colonizadores prohibieron esta práctica, así que el
uso del Palo Canario pasó a darse sólo en zonas rurales y en clanes (de padres a
hijos).
Hubo un resurgir folklórico de dicha lucha pero con la dictadura franquista
volvió a censurarse y cayó en el olvido. Sólo algunos pocos mantuvieron intactos
los conocimientos de esta lucha. Aunque al quedar aislada su práctica en los
núcleos familiares se desarrollaron de distinta forma, con variedades personales
y peculiares, dando lugar a distintos estilos identificados dentro el ‘Juego del
Palo Canario’: Deniz, Verga, Garafiano, Morales, Vidal, Conejero, Quintero y el
estilo Acosta.
A pesar de los diferentes estilos y técnicas se aprecia un nexo de unión: una
filosofía de respeto y ocultismo.
Dicha práctica es un enfrentamiento lúdico con palos entre dos contendientes que
se marcan ( señalan ) y se defienden ( atajan ) de golpes retenidos, evitando
hacerse daño.
Un maestro de Palo Canario tiene una habilidad y precisión tremenda. Dominan un
arte de caballeros en el que sus armas, varas de madera curtidas a fuego, pueden
ser sumamente peligrosas. Para llevar a cabo esta disciplina los ejecutores de
este arte precisan marcar los golpes y hacer un trabajo continuado; durante el
desarrollo del juego una persona hace de mediador ( árbitro ), denominado
‘hombre bueno’, al que se no se cuestiona en autoridad, dado que es un trabajo
desempeñado por el maestro más viejo.
En este arte se emplean tres tipos de palos, según su medida: corto o chico,
utilizado por los camelleros y del que quedan pocos indicios de la técnica y de
su uso; la vara, más conocido en todas las islas y de gran plasticidad y
movilidad; Garrote o lata, más pesado y originario de Gran Canaria y
Fuerteventura.
Esperamos que el juego del palo vuelva a resurgir, porque eso seria una cita con
las raíces más profundas del pueblo canario, un arte, una práctica
lúdico-deportiva aún minoritaria pero en alza, con mucha proyección de futuro.