Sin olvidar el pasado”

 Recientemente ha pasado por mis manos un libro en el que se hacía un recorrido fotográfico por la historia de mi ciudad. En dicho libro podían contemplarse fotografías desde principios del siglo pasado hasta nuestros días, y que reflejaban el cambio urbanístico que ha experimentado en un siglo, sobre todo con el desarrollo del sector turístico,  un pequeño pueblo costero de pescadores hasta convertirse en una de las principales ciudades turísticas de Canarias.

Viendo dichas imágenes y oyendo hablar, con nostalgia, a personas que nos describen como eran aquellas calles hoy convertidas en paseos, aquellas casas hoy convertidas en hoteles y apartamentos, y aquellas “ventitas” hoy convertidas en franquicias, uno no puede dejar de pensar que algo se ha perdido.  Como siempre que uno echa la vista atrás, piensa que las cosas pudieron haberse hecho de otro modo. De otra forma, que de igual manera hubiera permitido el desarrollo turístico, pero con menos agresiones a nuestro entorno y a nuestro patrimonio histórico.

Por eso, cuando hoy en día oigo hablar de proyectos urbanísticos, de nuevas edificaciones, de nuevas carreteras y autovías, me pregunto si los impulsores de dichos proyectos tendrán memoria histórica. Si serán conscientes de los errores que se cometieron en el pasado y que borraron para siempre entrañables rincones de nuestra isla.

Tenemos que avanzar, mejorar nuestras infraestructuras para un mayor desarrollo económico y social, pero no a cualquier precio. Con esto no estoy hablando de utopías, de lamentarse de lo que se hizo mal y no querer avanzar con el tiempo, sino de aprender y saber darle valor a las cosas, a aquellas cosas que conforman nuestra idiosincrasia y nuestro arraigo cultural. No podemos mirar a una casa con años de historia, testigo de las vivencias de las personas que la habitaron y transitaron, y sólo pensar cuantos pisos podríamos construir en su solar. No podemos mirar a una finca, cultivada con esfuerzo y tesón generación tras generación, pensando de cuantos hoyos podríamos hacer un campo de golf. No podemos actuar como buitres que, en vez de restaurar y rehabilitar esos lugares que embellecen nuestro entorno, esperan que caigan por su propio peso para abalanzarse sobre ellos y aprovechar sus despojos para participar en el negocio urbanístico. Un negocio urbanístico que, además, en muchas ocasiones carece del más mínimo sentido estético a la hora de edificar y comete auténticas aberraciones paisajísticas.

 Tenemos que darle valor a esa casa, a ese terreno, a ese árbol, que nos pueden parecer insignificantes, pero que no lo son. Porque una vez que desaparezcan, será para siempre, y no sólo desaparecerá esa casa, ese terreno o ese árbol, sino todo lo que significan.

No podemos transmitir ese mensaje de que las cosas valen el dinero que de ellas podamos obtener, sino que valen todo lo que significan y han significado. Miremos hacia adelante, pero sin olvidar el pasado, sin borrar un pasado donde están nuestras raíces y del cual somos fruto.

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