“Y llegó la Navidad”
Como todos los años, una vez más, ha llegado la Navidad. Aunque, si nos guiamos por tiendas y centros comerciales, estamos en Navidad desde hace un mes.
Que entrañable época esta, con sus villancicos, sus regalos, sus buenos sentimientos, Papá Noel, los Reyes Magos y el niño Jesús. Navidad rima con felicidad pero, realmente, ¿Navidad es sinónimo de felicidad?
Durante un mes estamos oyendo villancicos sin cesar. En todos los establecimientos que entras oyes villancicos, tienda tras tienda vas pasando de un villancico a otro, y en todos los estilos musicales posibles. Encima, algunas tiendas sólo tienen un CD con temas navideños, así que siempre tienen el mismo puesto, una y otra vez, una y otra vez, ¡pobres empleados!. Estamos sometidos a una tortura psicológica a base de villancicos.
Es época de regalos. Lo cual supone que te tienes que gastar todo el dinero que tienes, y si no lo tienes también. Empezamos el año sin un céntimo en el bolsillo y endeudados. Económicamente, ya empezamos con el agua al cuello. Así la gente se coge las borracheras que se coge, para no pensar en todo lo que se ha gastado y lo que va a tener que pagar.
¿Y qué regalo? Esa es la pregunta que se hace todo el mundo. La mayoría se pasa todo el mes haciéndose esa pregunta sin hallar respuesta. Encontrar el regalo adecuado genera estrés, porque van pasando los días y no sabes que regalar. Entonces, decides salir a ver tiendas para que se te aclaren las ideas e inspirarte, pero, ¿cómo vas a inspirarte oyendo, una y otra vez, los mismos villancicos?. Si a la música le unimos el alboroto de la gente, el centelleo incesante de las luces y el agobio de vernos rodeados por todas partes de personas en la misma situación que nosotros, empezamos a mostrar síntomas de irritabilidad y acabamos estresados. Las buenas intenciones de encontrar el regalo adecuado para cada uno de nuestros seres queridos, acaban en una carrera contrarreloj en la que nos vemos apurados haciendo las compras el último día y a la desesperada, cuyo resultado es hacer los mismos regalos de todos los años.
Esos regalos hay que empaquetarlos, envolverlos, adornarlos con bonito papel de regalo. Afortunadamente, en la mayoría de establecimientos te los envuelven. Menos mal, porque si no, como en mi caso, tendremos que pelearnos con el paquete para que quede bien envuelto. Ya que vas a regalar lo mismo, por lo menos habrá que envolverlo bien. Tantas molestias con el papel para que quede hecho trizas en cuestión de segundos y acabe en la basura. Desde un punto de vista ecológico, ya podemos ir descontando unos cuantos árboles cuyo destino ha sido ser papel de regalo, un destino efímero.
La Navidad lleva asociada ciertos productos que son exclusivos de esta época, así tenemos: polvorones, turrones, peladillas, mazapanes, roscos, dulces, etc. Nuestro paladar se deleita con ellos pero, de tanto comerlos, al final los acabamos aborreciendo, y varias semanas después de las fiestas todavía queda algún polvorón o tableta de turrón por casa que ya no hay quien se lo coma. Por eso, sólo comemos esos productos en Navidad, porque acabamos saturados, igual que los villancicos.
Por supuesto, con tanta celebración el alcohol no puede faltar, por lo que ingerimos cava, vino, sidra y demás bebidas alcohólicas sin límite.
Entre cenas de empresa, cenas con amigos y reuniones familiares, nos pegamos unas hartadas de comer y beber que empezamos el año con kilos de más y nuestra salud resentida.
Como todos los años, empezaremos haciendo las típicas promesas y los típicos planes para el nuevo año que empieza que, por supuesto, no vamos a cumplir y que en dos semanas habremos olvidado. Resulta paradójico, pues somos capaces de mentirnos a nosotros mismos y encima creérnoslo, picaresca e ingenuidad en un solo acto. La naturaleza del ser humano es única y sorprendente.
El espíritu navideño lo inunda todo, sobre todo la televisión. Te bombardean de anuncios de juguetes, perfumes, herramientas y todo lo que sea susceptible de ser regalado por estas fechas. Si quieres sentarte a ver una película prepárate, porque sólo vas a poder ver películas infantiles y empalagosos telefilmes americanos de temática navideña, y, encima, los canales que programan películas x las retiran de la programación durante estas fiestas, ¡qué pasa!. Por si fuera poco, tus programas favoritos serán sustituidos por algún “telemaratón”.
Bueno, una vez más, ha llegado la Navidad y os deseo mucha felicidad, veis que fácil rima. Así que pese a que perjudique seriamente a nuestros bolsillos, a nuestros bosques y a nuestra salud, tanto física como mental, ¡Felices Fiestas! y que les sea leve.