Drago Canario ( Dracaena Draco )
Desde hace miles de años, el mítico arbor draconis ha estado envuelto en una
aureola de misterio que le acompaña hasta nuestros días. Dice la leyenda, que
los dragones, al morir se convertían en dragos.
Este fósil viviente, es con todo merecimiento, uno de los símbolos de las Islas
Canarias y quizá, el mayor tesoro de la flora española.
Hay árboles que llaman la atención por su tamaño, otros por su forma, otros por
su longevidad. El drago de Canarias (dracaena draco), asombra al hombre por todo
eso y mucho más.
Viendo la curiosísima forma del drago, no es de extrañar que fuese considerado
por los antiguos habitantes de las Canarias, como un árbol divino. Hasta hace
poco, se consideraba al dracaena draco, endémico de Madeira, Canarias y Cabo
Verde, sin embargo, se han encontrado poblaciones salvajes en Marruecos, aunque
con ligeras diferencias respecto a la forma típica, por lo que se ha denominado
Dracaena draco subesp. ajgal.
Sin duda, una de las razones por las que se ha elevado el drago a la categoría
de mítico, es su linfa roja, conocida como sangre de drago. Apreciada desde la
antigua Roma, donde la empleaban como colorante y panacea para todos los males.
El interés por la sangre del drago se extendió a lo largo de los siglos y de
todo el continente europeo. Al final, los usos eran tan variopintos, que incluso
se barnizaba con esta savia los metales para protegerlos de la herrumbre.
Afortunadamente, los humanos hemos descubierto otros productos muy efectivos
para eliminar el óxido y en la actualidad los escasísimos dragos en estado
salvaje están protegidos del vampirismo humano.

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Arriba, el famoso drago de Icod de los Vinos. El tronco tiene una enorme cavidad que se eleva hasta los 6 m. de altura, a la que se accede por una puerta. En 1985 se procedió a un profundo saneamiento y se instaló en el interior del tronco un ventilador para facilitar la circulación del aire y evitar la proliferación de hongos. En 1993, el ayuntamiento de Icod, desvió la carretera que pasaba a pocos metros del drago, y por fortuna, en la actualidad, este símbolo vegetal de las Canarias no corre peligro. Aparentemente. |
En las Islas Canarias hay varios dragos impresionantes. El mismísimo explorador
y naturalista Humboldt, se interesó a finales del XVIII por el drago que se
erigía en los jardines de Franchy (La Orotava), un gigante de 25 m. de altura y
23 m. de perímetro (aunque sobre estas medidas hay discusiones),
desgraciadamente, fue derribado por el viento en 1867. En la actualidad, el
mayor y más famoso drago, se encuentra en Icod de los Vinos (Tenerife), mide 17
m. de alto y 20 m. de perímetro en la base, el peso de esta mole ronda las 150
toneladas, sin contar las raíces. La edad de este drago ha sido muy discutida,
se ha llegado a afirmar que podía tener más de cinco milenios, sin embargo,
estimaciones recientes creen que su edad no pasa de 800-1000 años.
Su tronco tiene una enorme cavidad que se eleva hasta los 6 m. de altura, a la
que se accede por una puerta. En 1985 se procedió a un profundo saneamiento y se
instaló en el interior del tronco un ventilador para facilitar la circulación
del aire y evitar la proliferación de hongos. En 1993, el ayuntamiento de Icod,
desvió la carretera que pasaba a pocos metros del drago, y por fortuna, en la
actualidad, este símbolo vegetal de las Canarias no corre peligro.
Aparentemente.
Al igual que las palmeras, el drago no es un árbol, no posee tronco leñoso, esto
ocasiona dificultades en la datación de los ejemplares, pues lógicamente tampoco
tiene anillos de crecimiento anuales.
Los frutos del drago, del tamaño de una pequeña cereza y de un llamativo color
rojizo, albergan en su interior una semilla redondeada, que germina con gran
facilidad.
Hoy en día, casi no existen dragos silvestres en las Canarias, sin embargo, es
una especie muy frecuente en colecciones particulares de toda España, a ello
contribuye su facilidad reproductiva por esquejes y por semillas y su
resistencia. El drago, se adapta tanto a ambientes interiores como al aire
libre. Eso sí, durante los primeros años de vida, debe tenerse la precaución de
no exponerlo a los rayos directos del sol.
Quien le iba a decir a los guanches, que llegaría un tiempo en que la gente
tendría un drago como quien tiene una lechuga. Los tiempos cambian, para el
drago también.
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