EL COCTEL

 

     Resulta fácil imaginar al agente 007 sujetando en su mano una copa de cóctel como preámbulo de una noche de amor, o al mítico Humprey Bogart, envuelto en una cortina de humo blanco en el Rik´s café, mientras humedece sus labios en el  líquido seductor. Han pasado muchos años, y han sido muchos los personajes que han deleitado su paladar con las delicias de esta bebida glamurosa que sigue estando de moda. Nació en América a finales del siglo XIX, aunque no existen datos exactos sobre su origen , son varias las historias que se adjudican su paternidad. La versión más popular es la relacionada con la costumbre que existía en Yorshire. En esta ciudad inglesa, para distinguir la categoría de los caballos, marcaban las colas de los animales que no eran de pura raza. Se decían que estaban “cocktailed” o mezclados, de esta manera tan sencilla de catalogar a los caballos,  comentan que procede el origen del vocablo.

 

     Lo que si sabemos con absoluta certeza es que la primera mención escrita de cóctel apareció en el periódico de Nueva York Balance, el 13 de mayo de 1806. Decía : "Un cóctel es una bebida estimulante compuesta de un licor de cualquier tipo, azúcar, agua y bitters y supuestamente servido como bebida durante las campañas electorales".

 

     En torno a este líquido se ha creado toda una sabiduría. Los barmans  para designar el perfecto dominio de este arte emplean la palabra mixología. La cultura de la mixología, o la coctelería que denominaríamos nosotros, nació en los años 20, y desempeñó un papel realmente significativo en su época, fue la única alternativa existente. Nunca se bebió con tanta fantasía como durante los años de la ley seca. En esa época, que duro desde enero de 1919 hasta diciembre de 1933,  el mejor ingrediente del que disponían aquellos que amaban el deleite de la buena copa, era su ingenio y la escasez del momento.

 

     Acercándonos a tiempos más actuales, el cóctel se define “como una bebida compuesta por dos o más ingredientes combinados o mezclados y servidos como trago largo o copa corta”. Dominar este arte no supone una tarea sencilla, requiere una cantidad exacta de destreza, una dosis de creatividad, y una densa porción de experiencia. Existen unas reglas de oro que deben respetarse si se desea que el resultado del cóctel se encuentre a la altura de la ocasión. Los ingredientes deben ser de primera calidad, los experimentos quedan reservados para los expertos y cuanto menor sea el número de invitados más generoso puede mostrarse con el hielo. Las cantidades determinan su sabor, modificarlas en la mayoría de las ocasiones consigue resultados más bien negativos que positivos. Una vez conocidas estas pautas comienza lo más importante: el movimiento. En la preparación es esencial.

 

     Hay algunos tipos de cócteles que contienen ingredientes muy fluidos y precisan que se les remueva, sin embargo existen otros que por su densidad necesitan movimientos mucho más rápidos y violentos. Se debe sujetar la coctelera con ambas manos, subirla hasta la altura de los hombros, como si se tratará de una trompeta y agitarla rítmicamente. De este modo el cóctel se enfría uniformemente y los ingredientes se mezclan como es debido. Todo una disciplina en el arte de la alquimia, donde la destreza acompasada de movimientos espirales determina su éxito.

 

     Y como hubiese dicho el seductor del celuloide,  Humprey Bogart,, sobre esta bebida incombustible a el paso del tiempo y de las modas: “Siempre nos quedará el cóctel”.

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