CANARIO

 

 

FOLÍAS DE LA LIBERTAD

(Elfidio Alonso - Héctor González)

 

Al canario le partieron

el pico con una azada;

parece que convenía

que el canario no cantara.

 

¡Ay, canario lindo!,

¡ay, lindo canario!,

vente con nosotros

y deja al falsario.

 

Aquel pequeño cantor

que cantaba entre barrotes,

desgañitó su cogote,

rompió la jaula y voló.

 

Se fue con su vuelo

y con su cantar,

en pos de los vientos

de la libertad.

 

La alegría del canario

es darle vida a un cantar,

y al compás de una folía,

dejarlo libre volar.


Del monte hasta el pico,

del mar a la sierra,

miles de canarios

defienden su tierra.

 

 

 

ISA DE LUCIANO

(Elfidio Alonso - Héctor González)

Solistas: Juan Díaz y José Manuel Ramos

 

 

En el hueco de mi timple

hay un canario escondido,

es un canario que canta,

un canario enternecido.

 

El mirlo canta en el monte,

el capirote en la higuera,

el gorrión en los trigales

y el canario donde él quiera.

 

El canario en el arroyo,

los mirlos en el zarzal,

mi corazón con el tuyo,

y el tuyo no sé con cuál.

 

¿No ves aquella barquilla

en el mar dando vaivenes?

así está mi corazón

cuando te espero y no vienes.

 

El canario cuando canta

primero parte el alpiste,

y tu me partes el alma

con las cosas que dices.

 

 

SALTONAS Y SEGUIDILLAS DEL CANARIO

(Elfidio Alonso - Héctor González)

 

En mi rica jiñera

tengo un canario,

que me trae las noticias

de tus agravios.

 

Y yo le digo, madre,

y yo le digo:

escapa de la jaula

vente conmigo.

 

¿Cómo quieres que cante,

niña, el canario,

si lo tienes en reja

cual presidiario?

 

Un pajarillo alegre

picó en tu boca,

pensando que tus labios

eran dos rosas.

 

Un canario volando

lleva un letrero:

"ya no quiero más jaula,

ni carcelero".

 

 

 

TE CUENTO CÓMO VIVO EN TENERIFE

(H. Lima Quintana - E. Llopis)

Vals argentino

 

La casa donde vivo aquí

es el asombro azul;

el mar es la prisión del sol,

espejo de la luz.

 

Te digo que circundo paz

y yo te pienso aquí,

fundando un árbol de candor,

tu voz llegando a mí.

 

Subiendo por El Teide

me quedé pensando

que habitaba Dios allí,

la retama y yo,

el pinar y vos.

 

El valle de la luna

me abrumó con su color;

te cuento cómo vivo,

dolido y sin vos.

 

La gente es la ternura igual

que aquélla que dejé;

tus ojos repitiendo amor

espejo de la fe.

 

La tierra donde piso aquí,

me ayuda a caminar,

va floreciendo junto al mar;

el aire es todo azul.

 

Ahora,

digo, hoy que ha pasado el tiempo,

desde esos continentes que España

me descubrió en el alma,

islas de la esperanza,

no sé qué fuerzas saco,

qué sostenes de pinos hacia arriba,

qué volcanes de amor entre mi gente antigua

para reconstruir primero la paz entre las ruinas.

 

EL NIÑO Y EL CANARIO

(Quadros - Fratantoni)

Habanera argentina

Arreglos: Héctor González.

 

Una de las canciones más famosas y divulgadas que, sobre el pájaro canario, se hayan escrito, gracias a la decisiva contribución del inolvidable Jorge Cafrune, El Turco, como cariñosamente le llamábamos sus amigos.

 

Era el canario un primor

y era su dueño un pequeño

que velaba con empeño

los cuidados del cantor;

era un precioso ejemplar

de color adamascado,

era un preso resignado

a la misión de cantar.

 

Era sensible escuchar

en su garganta sonora

la nota grave que llora

en un constante rogar;

daba a entender su trinar

que una  angustia sufría,

porque falto de alegría

era su flauta un penar.

 

Un cierto día su dueño,

el candoroso pequeño,

que se solía extasiar

al contemplar los colores

de tan divinos fulgores

y tan hermoso cantar,

llevó hasta el cielo su queja

porque prendido a la reja

de la pequeña prisión,

en lenta y triste agonía,

su fiel canario moría

sin comprender la razón.

 

Preso de un hondo quebranto,

subió a sus ojos el llanto

y con infante emoción,

sacó de la jaula al preso,

puso de su boca un beso

sobre el rosado plumón.

Y en su mano temblorosa,

quedó dormida una rosa

que tenía un corazón...

 

La cajita de madera,

la misma que contuviera

lapicitos de color,

fue la morada postrera

de aquél que en su vida fuera

su más preciado valor.

 

Y en el jardín de su casa,

a distancia muy escasa

de un legendario nogal,

lloró la pobre criatura

al cavar la sepultura

de su cantor sin igual.

 

 

EL CANARIO

Marisela venezolana; anónimo

Adaptación y arreglos: Elfidio Alonso y Héctor González.

 

Al pájaro canario lo sacan de su entorno y deja de cantar; nos viene a decir esta sabrosa marisela venezolana de autor anónimo, recuperada por este inquieto y formidable elenco que es Un Sólo Pueblo. Los versos nos hablan de un trueque entre el canario y el turpial, pájaro emblemático de Venezuela; al final, el canario abandona Caracas y retorna a su tierra para seguir defendiendo la tradición. Esta maravillosa canción se gestó en Altagracia de Orituco, Estado Guárico.

 

Yo tenía un canarito

y lo tuve que cambiar;

no sé qué le había pasado

que ya no quiso cantar.

 

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

 

Como era muy cantor

me lo traje pa' Caracas,

y no siguió en su cantar

porque añoró su Altagracia.

 

Le dije que se marchara

y a su tierra pegó un vuelo,

y allí se encuentra cantando

con los Parra y los Romero.

 

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

 

Y el cambio que ha presentado

mi querido canarito,

que cuando llegó a Guaribe

aprendió a cantar carrizo.

 

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

 

Le he pedido a Juan Esteban

que se traiga la bandola,

pa'cantarle un pasajito

y a su amada, que está sola.

 

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

 

Me quedé con el turpial

y el cambio fue la razón,

y el canario allá en su tierra

defiende su tradición.

 

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

Ay-la-ra-lá, i-a-loa-yé,

y el canario que cantaba

por un turpial lo cambié.

 

 

 

 

ISLAS CANARIAS

Pasaje venezolano

(Víctor Rodríguez)
.

 

No se trata del conocido y famoso pasodoble del maestro Tárridas, que lleva idéntico título, sino de un pasaje venezolano, que describe desde El Mantecal los recuerdos y las nostalgias que despiertan desde la lejanía y el desarraigo las queridas Islas Afortunadas. El tema pertenece a Víctor Rodríguez, descendiente de canarios. Y los arreglos son de Cristóbal Jiménez, director y artífice de un excelente conjunto que lleva su nombre.

 

De Tenerife hasta El Hierro,

de La Gomera hasta El Roque,

las siete Islas Canarias,

son símbolo del hombre,

que trabajando la tierra

ve el fruto de sus labores.

 

Atravesando el gran charco

llegaron a nuestra América,

uniendo sangre canaria

con el indio y con la negra,

hijos de libertadores

nacidos en Venezuela.

 

La Virgen de Candelaria,

Patrona de piel morena,

representa en el isleño

nuestra Coromoto buena,

limpiando siempre su alma

con vientos de sal y arena

 

El Roque de Los Muchachos,

Icod del Vino y La Vega,

El Teide con sus alturas,

La Orotava y otras tierras,

reciban el homenaje

que les trae Venezuela.

 

En el cuatro está el timplillo,

con los aires de esa tierra;

en el papagayo nuestro

representa la cometa,

y en el juego de canicas

tenemos a nuestras metras.

 

Han hecho quinientos años

que comenzó nuestra liga,

trasladando hasta este suelo

las raíces de su espiga,

despidiendo con mi canto

el mensaje de Bolívar.

 

 

TENERIFE

(Braulio García)

 

 

Yo nací del otro lado

de este mar nuestro cansado,

que te besa con pereza.

Y desde allí, en la distancia,

me enamoró la arrogancia

de sus perfiles airados.

 

Entre brumas emergía

la rotunda poesía

del padre Teide nevado;

el celoso centinela

de estas siete carabelas,

que en torno a él han fondeado,

buscando abrigo y cuidado.

 

Tenerife, Tenerife,

desde Teno a Taganana,

desde Abona a Garachico,

fue naciendo en la distancia,

arropada de nostalgia,

la canción que hoy te dedico.

 

¡Cuántas veces mi guitarra

se perdió por La Laguna,

serenateando a su luna!

¡Cuántas veces la alborada

sorprendió nuestro camino,

ebrios de amor y de vino!

¡Cuántas perritas de vino!

 

Tenerife, qué añoranza,

cuando pienso en los amores

que oculté yo en tu Esperanza.

 

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