SALAS DE CONCIERTOS O AUDITORIOS:
Ya en la antigüedad distintas culturas comprobaron que el sonido se escuchaba mejor bajo ciertas condiciones acústicas. A partir de la experiencia del eco de un valle, algunos arquitectos inspirados encontraron fórmulas para crear espacios donde la música llegara al mayor número posible de espectadores. Los teatros de la antigua Grecia son una obra de ingeniería acústica que aún hoy día nos sorprende. Dotados de un aforo enorme, permitían que todos los espectadores escucharan perfectamente lo que se recitaba o cantaba en el escenario.
Los espacios para la música, por antonomasia utilizados durante mucho tiempo han sido los teatros. A partir del siglo XIX existen las llamadas salas de concierto, dispuesta para la música sinfónica, hoy llamadas “auditorios”. En Canarias se han construido en los últimos años dos de estos Auditorios, uno en Las Palmas de Gran Canaria y otro en Santa Cruz de Tenerife, obras de moderna estética arquitectónica y cuidada calidad acústica, diseñadas por arquitectos españoles de renombrada fama mundial como son Oscar Tusquets y Santiago Calatrava.
ACÚSTICA DE LAS SALAS: Hay dos elementos que se deben tener en cuenta para lograr una buena acústica en un espacio cerrado o semicerrado: la reverberación y la forma de la sala.
Reverberación: es la sensación sonora que se mantiene desde el momento en el que la fuente sonora ha dejado de emitir sonido. No se debe confundir la reverberación con el eco; en éste, tras la emisión de uno o varios sonidos escuchamos, de manera clara y diferenciada, su repetición, mientras que en la reverberación hay una continuidad de cada uno de los sonidos que no nos permite distinguir unos de otros.
En una sala no puede haber eco-sería un desastre-, y también se debe controlar la reverberación. En acústica de salas se maneja un concepto muy importante que es el tiempo de reverberación, que es el tiempo que tarda en apagarse el sonido una vez que ha cesado la fuente. Cuando la reverberación es pequeña se dice que la sala tiene una acústica demasiado seca, lo cual puede ser bueno para el cine o para la música con altavoces, pero muy malo para la música en vivo, no amplificada. Al contrario, una reverberación excesiva, como la que suele haber en algunas iglesias grandes, hace que los sonidos se prolonguen demasiado y se mezclen entre sí. El público, al absorber con sus ropas parte del sonido, así como los tapices y cortinajes de la sala, amortiguan una parte de la reverberación.
La forma de la sala, delimitada por paredes, suelo y techo es muy importante para la transmisión del sonido. En general se deben evitar dos cosas: que haya zonas en que la intensidad sonora sea excesiva (zonas de convergencia) y zonas en las que apenas se escuche nada (zonas de sombra acústica), fenómenos producidos por la propia física del sonido.