LA MÚSICA Y LA MEDICINA:
En Relación a la música aplicada a la medicina, el testimonio más antiguo de que disponemos es un papiro hallado en la tumba egipcia de Kahun, en 1988. Se trata de una melodía que era utilizada para propiciar la fertilidad femenina.
Los griegos, por su parte, fueron expertos en aplicar la música tanto a la salud corporal como mental. Así, Homero nos relata en “La Odisea” la contención de la hemorragia de Ulises mediante la música. Por otro lado, Empédocles, conocedor ya de que “la música amansa a las fieras”, detuvo a los que iban a asesinar a su padre tocando la lira. También sabemos que Clytemnestra aplacaba su tremenda concupiscencia (otros dirían “su furor uterino”) mediante sesiones relajantes de música.
Lógicamente el poder de la música para curar ciertas enfermedades ha venido siempre a través de la mente, y la historia está repleta de ejemplos en los que la música ha jugado un papel determinante en cuanto a ciertas conductas, aunque no sean tantos los que nos muestren una relación directa entre la música y la curación de alguna enfermedad.
Con respecto a esto hay que recordar cómo y por qué fue contratado por la corte española el famoso castrado italiano, Farinelli, uno de los más grandes ídolos de la ópera barroca. Felipe V padecía prolongadas depresiones y, habiendo sido tratado por varios médicos sin ningún resultado positivo, su esposa, Isabel Farnesio, tuvo la genial idea de recurrir a Farinelli como último y desesperado recurso para intentar sacar al rey de su postración total. Efectivamente, el gran Farinelli abandonó su brillantísima carrera internacional para venir a la corte madrileña y quedarse durante casi treinta años cantando única y exclusivamente para la realeza española, al tiempo que era el encargado de organizar musicalmente los espectáculos de la corte. Todo ello como consecuencia del tremendo efecto que tuvieron sus canciones en el cambio de actitud de Felipe V y en su recuperación psicológica, aunque no fuera definitiva.
Con la llegada del castrati, el rey se levantó de la cama, comenzó a afeitarse y a asearse diariamente, e incluso asistió a los consejos de ministros. Asimismo Farinelli consiguió que su Majestad conciliara el sueño, según se dice, cantándole todas las noches, invariablemente y durante años, las mismas cuatro canciones que actuaban sobre el monarca como el mejor de los sedantes. Por todo ello, Farinelli consiguió honores y fortuna y pasó incluso a ser el mejor asesor en asuntos políticos de Felipe V.
También en el siglo XVIII se utiliza por primera vez la musicoterapia como ciencia con el propósito de curar enfermedades de los nervios. Al parecer Hufeland y Bruckman curaban el llamado “baile de San Vito” mediante sesiones de musicoterapia.
También se empleó un frenético baile como remedio contra la mordedura de la tarántula que hacía que los afectados sudaran copiosamente. Aquel baile recibió el nombre de “Tarantela”.
A comienzos del siglo XIX, Hunter, un doctor canadiense, al parecer lograba con música bajar la fiebre de sus pacientes, para lo cual instalaba orquestas en los hospitales en los que trabajó comprobando cómo ciertos instrumentos, tales como la lira y el arpa, tenían efectos concretos sobre determinadas enfermedades y de qué manera se debían emplear diferentes músicas para diferentes enfermedades nerviosas, no intentando nunca suministrar al paciente una música radicalmente distinta de la que demandaba su estado anímico. A un momento triste o depresivo correspondía una música triste y depresiva; a un momento eufórico, una música alegre y brillante.
Hacia 1920 se ensayaron por primera vez en Miniápolis cirugías sin anestesia. Se sustituyó la anestesia por música de Tchaikovsky, concretamente su “Obertura 1812” y el “Concierto para Piano nº1” con resultados positivos.
Hacia 1930 surgen numerosos centros de musicoterapia en muchos lugares del mundo que emplean sistemáticamente diferentes tipos de música para relajar, enardecer, animar, etc.
En 1942, Casandra Franklin, la esposa de Walter S. Franklin, presidente retirado de los Ferrocarriles de Pennsylvannia, descubre el poder terapéutico de la música durante su trabajo en el Hospital Tilton, un centro de la armada de los Estados Unidos de América, en New Jersey. Ella era miembro de las “Damas Grises”, voluntarias de la Cruz Roja. Empleando la música comprobó cómo los heridos de guerra, a los que asistía, recobraban las energías y se restablecían de sus heridas con mayor rapidez que el resto de los pacientes del hospital. Hoy día sus métodos están siendo aplicados en los Estados Unidos y van ganando terreno poco a poco en Europa.
Así pues, vemos, durante este rápido y sucinto repaso por la historia cómo la música ha podido ser empleada con fines terapéuticos. Al mismo tiempo algunos creadores musicales han tomado sus enfermedades o heridas, o en general el mundo de la medicina, directamente como inspiración para sus composiciones.