El macizo de Anaga, al noreste de Tenerife, emergió del mar hace siete millones de años. Es uno de los ámbitos naturales de mayor valor ecológico de la isla. Tenerife nació entonces cuando desde las profundidades del océano surgieron los macizos de Teno, Adeje y Anaga, los tres vértices de la isla. De aquella lejana época pervive aún, auque cueste creerlo, la laurisilva, una frondosa formación boscosa que en el Terciario cubría las costas del Mediterráneo y que en Canarias tiene su ultimo refugio. La laurisilva es en realidad una sasi selva formada por especies como el laurel, el fayal, el viñatigo o el tejo. Tan antigua como la laurisilva son la paloma turqué y la rabiche, especies a ella estrechamente vinculadas. El macizo de Teno, situado al noroeste de la isla, es otro espacio protegido de gran pureza natural gracias a su secular aislamiento. Hoy, con la finalidad de salvaguardar su frágil equilibrio medioambiental, el acceso a esta zona esta controlado.            

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