“Son Como Niños”

 

En numerosas ocasiones he sido acusado de falta de madurez, de tener un comportamiento infantil, de no crecer, de no ser un adulto. Este hecho me ha concienciado a embarcarme en el camino hacia la edad adulta, esa edad en la que una persona se convierte en un ser reflexivo, un ser cuyo comportamiento sea de irreprochable madurez y dé muestras de sabiduría fruto de la edad, dejando atrás el más mínimo atisbo de comportamiento infantil.

Necesitado de un modelo, que me sirviera de guía en este complejo proceso de metamorfosis, me he dedicado a valorar distintos posibles modelos. En primer lugar me vino a la mente seguir el ejemplo de un padre o madre de familia, es una persona que tiene que ser adulto y comportarse como tal, pues tiene a su cargo hijos y la economía y organización doméstica. Parecía un buen modelo. Pero mis miras fueron más allá, busqué un modelo superior, un modelo que supusiera una mayor madurez, si cabe. Entonces, pensé en alguien cuyas decisiones no afectaran sólo a 2, 3 ó 4 personas, sino a varios millones, que no sólo tuviera que organizar una casa, sino algo mayor, un país. El modelo elegido sería el de un político, que mayor madurez se puede esperar que la de un dirigente político, pensé.

Así pues, me he dedicado a observar su comportamiento para aprender a comportarme como un adulto. Mas los resultados de tal observación me han dejado confuso, pues a veces me resulta difícil hallar una diferencia más allá de la meramente contextual respecto al comportamiento de un niño.

Se reúnen en el parlamento, que es como si fuera el patio de un colegio o un aula, cada uno se pone con sus amigos y con los que mejor se lleva y forma un grupo. Cada partido político tiene su líder, que vendría a ser el jefe de la pandilla. En la infancia y adolescencia, cuando estamos y jugamos en grupo no elegimos un jefe, pero siempre hay alguien que tiene mayor influencia sobre los demás y al que el resto sigue, por supuesto que también están a los que les gustaría ser el jefe y que fuera a él a quien hicieran caso, ¿qué diferencia hay entre una pandilla de pibes y un partido político?.

En los grupos de amigos, siempre hay alguno que deja de jugar con unos para irse a jugar con otros. Eso sería la equivalencia a lo que en argot político se denomina “un cambio de chaqueta”.

Las reuniones del parlamento, algunas veces, resultan de lo más interesantes. Ves como, eso sí, de forma sutil y sin malas palabras, se agreden verbalmente. De niños somos más naturales y, directamente, nos acordamos de la madre del otro. Con los años aprendemos a meternos con otros sin emplear palabrotas. En ocasiones, se dedican a patalear y a abuchearse unos a otros, lo cual, no sé, no me parece que se diferencie mucho del comportamiento de un niño.

También hay que destacar esa figura que aparece en toda riña infantil, el que se encarga de dar los recaditos. Es ese que va a fulanito y le comenta lo que menganito ha dicho de él, y luego va a menganito y le informa de lo que va diciendo fulanito. Si tiene que omitir o destacar algo para avivar el fuego, lo hace. En política, esta labor de transmitir los mensajes de unos a otros la llevan a cabo los periodistas.

Por supuesto que, siendo niños, si se rompe algo y se busca un culpable siempre negaremos haber sido nosotros y le echaremos la culpa a otro. ¿Acaso los políticos no hacen lo mismo cuando se les acusa de algo?

Y qué decir de las peleas, cuando un niño se pelea con otro cada uno tiene sus partidarios, así que sus amiguitos van con él a pelearse, lo mismo que en política internacional.

¿Quién siendo niño, cuando nuestras mamás nos mandaban a comprar, no aprovechó para comprarse alguna golosina con el cambio? Pues, algunos políticos, hacen lo mismo. Salvo que esos céntimos se convierten en miles de euros, y esas golosinas se convierten en coches, casas y viajes.

Visto lo visto, creo que siguiendo este modelo estaría en las mismas, lo cual, por otro lado, resulta preocupante, pues uno llega a la conclusión de estamos en manos de un grupo de individuos que son como niños, niños grandes, pues su comportamiento es como el de un niño, pero extrapolado a un contexto distinto al de un patio de colegio, y la inocencia de un niño, aunque pueda ser cruel, se convierte en maquiavélica malicia, que puede ser aún más cruel y carece, por completo, de inocencia.

                                                                                                       Volver